12 ago. 2008

Antes de viajar... hay que contar lo que pasó antes, no?

Pues hace varios meses atrás... andaba escribiendo las crónicas de mi viaje a Arequipa en enero del 2007, la primera vez que viajé sola. Hoy vuelvo a emprender un viaje en solitario, pero consideré importante publicar lo que ya tenía en borrador.



Vacaciones fugaces: crónicas de un viaje en solitario

Sólo en una pc sin Internet se puede hacer esto. Escribir, y volver a escribir.

Previas de un viaje con contratiempos
Era el día jueves 4 de enero y era el día de mi partida a un viaje cuyos objetivos no eran más que estrictamente semiprofesionales, semireligiosos... demasiados serios para un viaje: recoger una partida y legalizarla para un matrimonio religioso no es algo por lo que uno suela viajar... y menos si esa persona NO es la que se va a casar.

Rumbo a la agencia salí de casa con mi tía, la novia prometida, con el tiempo justo para llegar, pero claro uno siempre debe preveer que los autos no salen cuando más los necesitas. Mi carro salía supuestamente a las 16:30 horas de la agencia, a las 16:25 recien bajaba del bus a una cuadra de la agencia. Bendita sea la hora peruana!! Jeje... apenas si habían comenzado a hacer subir a los pasajeros. Número de asiento: el doce... por un momento había creido que había comprado un asiento al lado de la ventana, erré en la compra.


Viajando solita: “Cúidate mi hijita, no se hace caso a los desconocidos!”
Siempre he tenido la “suerte” de tener por compañero de asiento a un hombre. Recuerdo la primera vez que viajé a Arequipa luego que mi madre muriera, fue en 1997 aproximadamente y mi tía Marleny viajó con sus dos hijos muy pequeños, ellos 3 ocupaban 2 asientos juntos y a mi me tocaba viajar junto a un completo desconocido: un hombre de aproximadamente 40 años que tenía la virtud de dormir hasta tarde, yo a las 5 de la mañana ya no podía pegar el ojo. Luego a la venida de ese viaje también me tocó venir con un hombre más joven. Para la siguiente vez que viajé con mi otra tía (2005) las cosas cambiaron un poco, pero el regreso, como venía sola, vine con un chico de mi edad, con el cual no crucé ni palabra, pero bueno, he de suponer que el carro no es un buen lugar para comenzar una amistad, o si?

Regresando al presente, el compañero de asiento era un señor de aproximadamente unos 60 años, luego de 5 minutos de camino ya me había contado que había venido a Lima a pasar el año nuevo con algunos familiares, que viajaba a Arequipa para luego viajar a Puno (su ciudad), que tenía una chacra, que vivía solo... en fin, un montón de cosas más. Llegando al Puente Atocongo, una parada en la Panamericana sur, hicimos unas compras de agua y galletas, mi compañero se compró un tabloide de poca fama, y un paquete de melocotones, de los cuales me invitó uno y yo recibí… olvidé los consejos típicos de las abuelas y las madres preocupadas: "no se recibe nada de extraños"... al cuerno!... una fruta no podría estar con droga alguna, jeje…. Además se veía rico, lo malo fue que me sentí obligada a invitarle mis galletas… y con lo que me gustan!!!

Haciendo tiempo en Aplao
La noche del bus pasó sin contratiempo y por la mañana ya estábamos cerca del destino. Yo bajé en el cruce de la carretera que desvía a la Provincia de Castilla. Allí debía tomar un bus que me dejara en Aplao e inmediatamente tomar la coaster que me dejaría en el pueblo de Pampacolca. Sin embargo, una vez qe habá llegado a Aplao, la coaster ya había partido... – y ahora qué hago?- me dije. No había nada más que esperar hasta las 3 o 4 de la tarde que pasaba el bus regular, pero que llegaba cerca de las 9 de la noche al pueblo.

¿Dónde hacer tiempo? Primero me fui a desayunar bien. Comí lo que mi estómago aguantara, pero que no cayera mal. Luego me dirigí al mercado y lo visité.. nada interesante. El pueblo es demasiado pequeño como para hacer algún recorrido entretenido. Fui a comer helados, pues por eso sí son famosos... una delicia!. Luego fui un rato a una cabina de internet para no aburrime y encontré en línea a mi jefe (en esa época) y me empezó a decir sobre unos documentos en excel que no sabía donde encontrarlo, le guié, le ayudé en lo que quería y luego de una hora, me fui de la cabina almorzar, comí algo ligerito y me dirigí a la plaza central... lleno de arboles gigantes y donde corría viento. Me senté en una banca y esperé hasta que fuese tarde... me aburrí casi como a las 2 horas y me fui de nuevo a una cabina de internet, pero esta vez encontré a mis primas... las cuales me dijeron que ya esperase en el paradero porque en cualquier momento vendría el carro. Dicho y hecho!

Infinita oscuridad
Luego de unos percanses con el bus para llegar a Pampacolca (casi se me pasa) pude llegar con bien al pueblo, es decir, NO vomité!. Lo malo es que cuando llegué parte del pueblo estaba sin luz eléctrica y la oscuridad era increíble... no se veía nada nadita!... fue por eso que me mareé y no me pude ubicar bien para hallar la casa del abuelo. A unos pasos había un internet (asu asu.. hasta por allá) y entré en línea en busca de ayuda. Encontré a mis primas pero sus explicaciones para llegar a la casa no me convencieron además que cuando salí la oscuridad era peor. Me fui al lado contrario hacia la otra plaza y entré a un hostal... hospedaje. Me cobraron 8 soles por pasar la noche. En la habitación habían tres camas que hasta pensé que tenía que compratirlas... pero estaba sola. Otros húespedes eran trabajadores que suelen pasar semanas de trabajo en el pueblo, ellos se van muy temprano por la mañana.. fueron sus ruidos y la luz del sol por la ventana lo que me hizo despertar. Salí y fui a la casa del abuelo... al fin había llegado!

El en siguiente post [supongo será publicado el domingo 17 o lunes 18]contaré las crónicas del regreso.