27 sept. 2010

Y ahora, ¿Por quién voto?

Las elecciones regionales y municipales se acercan y esta floja blogger se vuelve seudo-analista político (pseudo, por respeto a quienes sí lo son). Es posible que este post no sea el único referido al tema, pero tenía que ganar de escribir y pues aquí vamos.

 
Resulta que la gente anda dividida por quién votar -como es usual- y eso no está mal, cada uno es libre de elegir. He notado por conversaciones con varias personas y en diversos ámbitos que tenemos ciertas “tendencias” a la hora de elegir a alguien para un cargo político:

 
“Se vota en función a evitar que gane alguien no deseado” Es decir, nuestro voto se lo damos a quién pueda hacerle la competencia y, en el mejor de los casos, superar a quién consideramos una amenaza como candidato. Debido a esto, también se genera la siguiente tendencia:

 
“Para que tu voto valga, votas por alguno de esté primer@ en las encuestas” Se piensa que es inútil votar por alguien cuyas preferencias apenas si se asoman en las cifras de las encuestas hechas, valga la redundancia, por las encuestadoras del momento.

 
Mi opinión personal sobre estas dos tendencias es que ambas, al final, impiden que votemos por quien realmente creemos es conveniente. En el primer caso, el de votar en contra de alguien, nos forzaría indirectamente a inclinarnos por el 2do o 3ro de la lista. “No queremos a Lourdes, votemos por Susana”, “No queremos a Humala, votemos por García”… al final resulta? A veces parece que no nos quedara de otra que votar por el “menos malo”, posiblemente por esto ganó García, y quizás por eso podría ganar Susana.

 
En el segundo caso, el votar por quien esté primero en las encuestas, es algo que no pensé que sucedía, pero cuando me lo confesaron varios en sus votos pasados me dije: “Con razón es algo importante si puedes hacer que una encuestadora te favorezca!”

 
Si bien las encuestas utilizan una muestra representativa y aleatoria para mostrar los resultados, uno no debería dejar que 500 individuos escojan al candidato. Y si bien cuantitativamente las estadísticas aseguren que sólo hay un 5% (+ o -) de margen de error; cualitativamente el margen de error puede ser un poco mayor:

 
  • Siempre fíjate cuál fue la metodología para seleccionar a los encuestados.
  • Si las encuestas se hacen en las casas un sábado o domingo… la gente igual que tú, que nunca está en casa por cuestiones laborales, no podría verse representada en dicha encuesta.
  • Nunca has conocido a alguien que ha sido encuestado (ok, ok, este argumento es muy subjetivo, pero igual…)

 
Por último, la tercera tendencia es aquellos que votan viciado casi siempre. Sí, cierto, también tenemos derecho a viciar nuestro voto, pero considero (lo siento amigos, los quiero mucho pero es lo que pienso) que un buen porcentaje de los “viciadores empedernidos” buscan limpiar su conciencia y liberarse de cualquier remordimiento en la elección de un candidato. Claro, porque aquel que votó por Alan en el 85, por Fujimori en el 95 y por Alan en el 2006 (en 1ra vuelta porque en la 2da vuelta se puso a prueba la 1ra tendencia) podría sentirse alto mal, algo tonto de haber escogido a quien escogió; nos equivocamos pues, así pasa y desafortunadamente seguirá pasando; los que escogieron al que perdió dirá: “Ya ves, te lo dije y no hiciste caso” y el que vició diría: “Conmigo no fue, yo no lo elegí”

 
Me parece que los votos viciados tienen un rol importante en las elecciones presidenciales, donde es necesario el 50% +1; sin embargo, para las elecciones municipales sólo sirve la mayoría simple, así que con “pocos” votos podría salir elegido cualquiera.

 
Y así se cumple la democracia… donde la mayoría manda… y el resto respeta (bueno, casi siempre)

 
P.D.: El título del post me gusta tal cual está, pero yo ya tengo el voto decidido desde hace un buen tiempo :)