15 jul. 2008

Mascotitas en casa


Se dice (lo digo yo) que una persona, o familia, debe analizar antes de escoger tener una mascota en casa. No es simplemente decir: “Queremos un perrito o un gatito”.... “Mamá, quiero un hámster”, “Papito, cómprame un pececito”...etc. Cada animal “domesticable” posee cierta personalidad que debe ir acorde con la personalidad de la familia, o al menos con la persona que será responsable.

Hace unos 5 años, apareció en la casa un gato precioso de color plomo, ya era adulto y era muy educado. Se notaba que ya venía de una familia, pero por alguna razón no quiso irse de casa. Así que decidimos alimentarlo y mi tía, al ver que salía al patio o al jardín a hacer sus necesidades, le encantó la idea de mantenerlo en casa. Todos estábamos felices; desafortunadamente, unas semanas después volvía a la casa mi prima mayor, embarazada como de unos 4 o 5 meses de mi sobrino Joaquín y expresó su incomodidad de tener el gato en la casa: existe la creencia que criar gatos hace que las mujeres queden infértiles. No sé cuánto de veracidad tiene eso, pero gérmenes es fijo que trae. Y por ser la prima más delicada, era probable que el bebe fuese delicado y no se quiso correr riesgo alguno.

¿Qué hacer con el gato? No me quedó otra alternativa que llevarlo a casa de mis primas mellizas, ellas criaban (y crían) gatos por doquier... uno más no habría problema, además que era uno muy educado y yo trataría en lo posible en apoyar su alimentación. Parecía que todo estaba bien, pero a los pocos meses el gato se había marchado. Era un gato lindo y lo habíamos llamado Humo.... y tan igual que el humo, se esfumó.

Luego nació Joaquín y la familia se mudó a su propia casa. Sin embargo, nosotros en casa empezamos a tener ciertos problemas propios de vivir en lugares donde aún faltan algunos servicios básicos. Aparecieron pequeños amigos de Mickey Mouse. Las trampas o los venenos demoraban en obtener resultados, además que debíamos ser cada vez más ingeniosos con el alimento de la carnada. La forma natural de alejar estos animalitos indeseables en casa era teniendo un gato. Entonces mi tía trajo uno que le regalaron: era un gato negro, de unos 3 meses. Yo decidí que se llamaría Garfield, así no tuviese nada de anaranjado como el dibujito.

Pasaron los meses y Garfield se volvió un gato precioso y se volvió tan igual que su homónimo televisivo: comía y dormía... ésa era su vida. Le encantaban que lo acariciaran y era tranquilo, pero no un santo.... jeje... una de las mañas que tuvo Garfield era arañar el forro de los muebles, luego de muchos meses me enteré cómo pude haber corregido esa mala costumbre. Una de las cosas que tuve que sacrificar por Garfield fue una chompa que solía usar en casa o como pijama que le había pertenecido a mi mamá, esta prenda le encantaba a mi gato para dormir, así que cuando quisimos que se acostumbrara a dormir en una tina que le habíamos acondicionado como cama, tuve que ceder la chompa.

Un día, cuando Garfield estaba ya casi adulto, mi prima y sus hijos vinieron de un paseo por el parque El Olivar con un cachorro: era una perrita de un mes o poco más. Me contaron que los estaban regalando en una caja y Adrián escogió la perrita. Sin embargo, todos los cachorritos no estaban en buenas condiciones y tenían pulguitas, así que antes de traerlo a casa pasaron por una veterinaria para desparasitarla y limpiarla de las pulgas. Decidieron llamarla Peluchina y todos estaban emocionados, pero era perrita así que Maribel decidió que una vez que tuviese la edad suficiente la esterilizaría. Peluchina como era de esperarse empezó a crecer rápidamente y sobrepasar el tamaño de mi gato. Al principio mi gato dominaba la situación en los enfrentamientos, pero luego Peluchina poseía el poder y el tamaño suficiente como para ganarlos. A pesar de todo, los enfrentamientos eran sin maldad alguna, es que Peluchina sólo quería jugar.

Cuando mi gato ya tenía novia, pues empezó a salir más seguido de casa y desaparecerse noches enteras. Pero la novia no era el único ser que le importaba a mi gato. Yo también era importante para él, y se notó cuando tuve que salir de viaje y mi gato desapareció de casa “como que se fue a buscarme”, jaja.. Supongo que me extrañó, y sólo cuando volví, apareció.

Desafortunadamente un día sí partió y ya no regresó a casa. Creemos que fue atacado por los perros agresivos del vecino, pero en general los gatos no suelen quedarse en casa a esperar a la muerte, se marchan.

Peluchina quedó en casa pero era muy traviesa y cariñosa. Llegado el tiempo fue esterilizada. En otra ocasión, por salir a la calle como loca (la gente pensaba que la iba a atacar, pero no era así) la golpeó un carro, pero fue ligero porque sólo le provocó una lesión en la pierna. Fueron las únicas dos veces que luego de venir del doctor estuvo tranquilita. En el incidente del atropello, Adrián llamó al trabajo de su mamá con lágrimas porque su perra cojía. Entonces Maribel se comunicó conmigo por msn y me contó lo sucedido. Pude pedir permiso para salir de la biblioteca de matemáticas e ir a casa para llevarla al veterinario. La tuve que cargar ida y vuelta en el carro.

Luego poco a poco los niños ya no jugaban tan igual con Peluchina, sospechaba que eso iba a pasar. Y es que un perro siempre necesita de atención y cariño, y si no puedes ofrecérselo es mejor no tenerlo. Maribel tampoco podía darle mucha atención, el cariño desmedido de Pelichina era ponerse en dos patas y saludarte, pero... ¿a dónde se posaban las otras dos patas? Sobre el pantalón de la persona y si estás yendo al trabajo o regresando no quieres que tu ropa se ensucie por las marcas del perro. Otro factor era la situación de la casa: debes ofrecer a un perro el espacio suficiente, limpieza y horario para sacarlo a pasear. Sin embargo, la familia dueña de la perrita la había prácticamente abandonado en el techo. Se los dije y entendieron el mal que le habíamos (me incluyo) hecho.

Se tomó la decisión de llevarla a una casa donde la quisieran y le dieran el espacio suficiente: se la llevarían a una chacra en Huaral. Fue entonces que hice un gasto extra con lo que recibía de bolsista en la universidad y le compré cosas de acicalamiento para la perra, especialmente compré un spray antipulgas y garrapatas, pues las desgraciadas la habían empezado a atacar y la dejaban débil, también le compré unas vitaminas que harían que ya no esté débil. Los últimos días de Peluchina en casa fueron los más emotivos, para mí, pues te das cuenta que es como un hijo más y mis sobrinos habían fallado en el tema de la responsabilidad, mi prima no era una buena madre y yo no había sido una tía cariñosa.

Adrián, Valeria y Maribel acompañaron a Peluchina hasta Huaral y se acomodó rápidamente al lugar, aunque seguramente sintió pena cuando dejó de ver a su familia. Luego de algunas semanas preguntamos a Miguel, hijo de los dueños de la chacra donde se había quedado Peluchina, sobre la situación de la perra y nos contó lo inevitable en la vida de todo ser vivo: Peluchina se había “enamorado” del perro vecino, jugaban y se iban juntos por la chacra, poco a poco se quedó en la casa junto a ese perro y no en la casa original donde se la dejó. Imaginé que de ser un ciclo normal, seguramente Peluchina formaría una familia o tendría crías de ese perro; sin embargo esto no se dará nunca. Después que no pudimos ofrecerle en nuestra casa el cariño y responsabilidad suficiente le habíamos quitado la posibilidad de que ella formara su propia familia.

Pretendo oponerme ante cualquier idea de traer mascota a casa. Luego de Peluchina pensaron en traer un hámster o un pez, pero ni Adrián ni Valeria poseen responsabilidad suficiente; otro perro requiere demasiada atención. Yo quisiera un gato: me gustan y son mucho más independientes, pero mi tía se opone por la idea del olor o el maltrato con los muebles. Hemos optado por tener sólo humanos domesticables en casa: niños. Y hace poco se unió un niño más a la familia. Josué, pero ya será otro día para contar la historia de la llegada de mi primo de dos años... eso también será todo un proceso de domesticación.